
De un momento a otro perdí lo más importante que tengo: mi salud.
Empecé con episodios de ansiedad. Luego llegaron los primeros síntomas en la piel. Después de visitar médicos, recibir diagnósticos sin causa ni cura y medicarme sin conseguir resultados, llegué a una conclusión: ¿Y si la clave para recuperar mi salud y mi bienestar está en mí?
Después de pedir ayuda a profesionales y recorrer un proceso de trabajo personal, pude ampliar la compasión y la aceptación hacia todo aquello que nos hace humanos, y fue entonces cuando decidí empezar mi formación en psicología transpersonal.
También apareció en mi vida el trabajo con la respiración. Fui a varios talleres, lo que me llevó a querer investigar y conocer más, hasta que decidí formarme y profundizar en aquello que tanto me estaba ayudando.
El mundo corporativo también me trajo mucha claridad. Los años que estuve en el sector de recursos humanos me permitieron acercarme más a las personas, descubriendo así que compartimos mucho más de lo que podemos llegar a imaginar.
Si algo tengo claro es que todo lo que he aprendido lo quiero compartir con quien, en cualquier momento de su vida, lo pueda necesitar.
¿Y si descubrieras que aquello que hoy te limita es, en realidad, lo que algún día te impulsará a convertirte en tu mejor versión?
La respiración te devuelve algo muy simple y muy olvidado: un cuerpo al que volver.
El espacio que necesitas para escucharte y confiar en lo que tu cuerpo ya sabe para poder elegir desde ahí.
La claridad no se construye; se descubre cuando dejas de cargar con lo que no te pertenece o ya no necesitas.
Un espacio que te invita a plantar la semilla de presencia que luego florece en tu día a día para vivir el momento, abrazar lo que sientes y acoger lo que surja.
Lo físico y lo emocional no son mundos separados. En Kokomi trabajamos en una misma dirección: integrar todo aquello que forma parte de ti.